miércoles, 4 de junio de 2014

Ordena tu closet


Hace unas semanas me junté con una amiga a tomar un café. Estaba feliz de hacerlo porque yo no había tenido días fáciles y necesitaba desahogarme. Sin embargo, ni tiempo tuve de referirme a mis asuntos, pues apenas nos sentamos, mi amiga comenzó a contarme el difícil trance por el que estaba pasando. Producto de la rabia, la sensación de injusticia y la pena, hacía varios días que la pobre no injería alimento y tampoco podía dormir en las noches. Para colmo, chocó el auto contra un poste, le robaron la cartera y del colegio la mandaron a llamar para conversar sobre el bajo rendimiento de su hijo.

'Ya no sé qué hacer', me dijo con los ojos como represas al borde del colapso. Y entonces me acordé del sabio consejo que en alguna oportunidad me dio una famosa estrella de la televisión: 'No hagas nada. Sólo ordena tu closet', le dije. Mi amiga me miró sorprendida. 'Sí -agregué muy campante- cuando uno ordena su closet, ordena su mente y ordena su corazón. Bota lo que no te sirva, regala lo que ya no uses y recicla aquello a lo que puedas darle un nuevo uso'.
 
Luego de un extenso coloquio nos despedimos y, honestamente, me fui un poco frustrada porque el problema de mi amiga había monopolizado la conversación y yo no había tenido oportunidad de mencionar siquiera lo que me acongojaba. Pero luego, como la mujer adulta que soy, entendí que la situación de mi amiga era mucho más apremiante que la mía, y yo, como su aliada incondicional desde hacía ya varios años, debía comportarme a la altura de las circunstancias, solidarizar con su tragedia y… apoyarla con mi mejor aparejo: la oreja.
 
Cuando llegué a mi casa, subí derechito a mi pieza, abrí mi closet y ahí frente a mis ojos se reveló el caos supremo y el desorden máximo: 'Con razón tengo la majamama en la cabeza', pensé. Miré mi ropa, mis zapatos y cuanto cachivache tenía guardado y sin saber bien cómo, de pronto me vi absorta en un afanoso proceso de reorganización de mis pertenencias… 'Bota lo que no te sirva, regala lo que ya no uses y recicla aquello a lo que puedas darle un nuevo uso', era el mantra que se repetía en mi interior. Fue maravilloso y liberador.
 
Y entonces caí en cuenta que más que yo haber ayudado a mi amiga, fue en realidad ella la me ayudó a mí. Era yo la que necesitaba ordenar el closet, la mente y el corazón. Nuestras relaciones nos reflejan: nos muestran quiénes somos, de qué estamos hechos y sacan a relucir lo que tenemos dentro. Para bien o para mal. Mi amiga fue mi espejo y su problema no fue más que la excusa que encontró mi subconsciente para enviarme el mensaje que yo necesitaba... Y de paso, el closet me quedó como de revista de decoración.