martes, 10 de septiembre de 2013

Las 4 mentiras más divertidas que las mamás les dicen a las profesoras de sus hijos


 
Todos quienes somos mamás o papás de escolares en esta época de la historia de la humanidad, hemos escuchado y/o hemos pronunciado alguna de las frasecitas citadas a continuación. A quien le venga el sayo que se lo ponga… y a quien que no, que ojalá pase un buen rato leyendo.
Mentira Número 1: “Mi hijo no miente.”
Esta es lejos la frase más recurrida. Sobre todo por aquellas dulces madres de pequeños malandrines que todo el mundo sabe que son malandrines de tomo y lomo. Niños al fin, pero que se la pasan haciendo sufrir y rabiar a sus compañeritos de clase, ensañándose por temporadas con ciertos personajes de la sala. En junio a Martincito le dio con rayarle el cuaderno a Rosita; luego, en julio, Martincito escogió a Osvaldito para quitarle la colación en el recreo; en agosto, le tocó a Carmencita sufrir espantosos jalones en sus trenzas… y así sucesivamente… Hasta que le llegó el turno a Juan Pablito, quien resultó ser más avispado que el ya tristemente legendario Martincito, y a la primera, le mandó el combo en l’hocico no más y el pobre Martincito quedó todo averiado y tirado en el suelo.

Ustedes ya saben lo que sucede después. La Señora Martingala, madre de Martincito, llega como leona a hablar con la profesora jefe, con la coordinadora de ciclo y con la directora del colegio para reclamar por el “escandaloso matonaje que hay en este establecimiento educacional, donde no puede ser que haya niños que arreglen todo a golpes, porque mi hijo claramente no hizo nada… y bla bla bla bla”. Y la profesora, la coordinadora de ciclo y la directora del colegio la escuchan con una paciencia infinita, le dan una agüita de melisa para que se tranquilice un poco y finalmente le dicen muy sutilmente que bueno, que “en realidad fue Martincito quien molestó primero a Juan Pablito...” y entonces la tal Martingala monta en cólera y sacando su espada de vengadora se sube a la mesa, invoca los poderes de Grayskull y con voz ronca grita a los cuatro vientos “¡Imposible… mi hijo no miente!”

Mentira Número 2: “Yo nunca le he gritado a mis hijos.”
La situación es la siguiente: en cita con el orientador del colegio, la Señora Pita y su marido, padres de los Hermanitos Pérez, no pueden entender lo que el pobre orientador ya les ha explicado ocho veces:  “…sus cinco hijos, señora, presentan el mismo comportamiento bizarro… gritan cuando la profesora les hace una pregunta… ¿Usted cree –pregunta tímidamente el orientador- que en su casa hay alguna situación que esté haciendo que estos niños reaccionen así en la escuela?” La Señora Pita con la cara desfigurada por el asombro y la sorpresa, como si le estuvieran hablando de unos extraterrestres y no de sus mansos pequeñines, le responde al educador  “Imposible, caballero… ¡Yo nunca le he gritado a mis hijos!” Frente a tamaña declaración, el esposo de la doña y padre de las criaturas, quien hasta ese instante había estado calladito como una hormiguita, estalla en una carcajada y empujando a su mujer en el hombro le dice “¡Saaaaaaaaaa!”…

Mentira Número 3: “En mi casa no se dicen garabatos.”
Esta mamá es la más cómica de todas. Y la más car’e palo. Su pequeña Manenita, que cursa Primero Básico “D”, se ha convertido en un fenómeno escolar. Hasta las alumnas de segundo, tercero y cuarto medio corren al patio de los chicos durante el recreo y disimuladamente se paran cerca de Manenita a escuchar cómo, mientras la pequeña juega alegremente a la cuerda, tapiza a sus compañeritas con un rosario de palabrotas cada vez que éstas comenten una falta. ¡Qué Evelyn Matthei! ¡Qué Paty Cofré! ¡Manenita se las gana por lejos! Alertada de esta situación, y estando en antecedentes de  la “boquita de señorita” de la madre de la niña, la profesora  jefe le pide al inspector, quien le pide al orientador, quien le pide al coordinador de ciclo, quien le pide al rector, quien finalmente le pide al Intendente Regional que hable con la apoderada…   Y cuando la secretaria del Intendente llama por fin a la madre de Manenita para citarla a reunión con el máximo representante del gobierno en la región… lo único que obtiene como respuesta es “¡Ya te dije  %$#%&/OO#$?=!  ¡En mi casa no se dicen garabatos!”. Finita.

Mentira Número 4: “Miss, qué más quisiera yo venir a cooperar ese día... ¡Pero justo tengo hora al doctor y me costó tanto conseguirla!”

En este caso, las mentiras son varias. Primero: esta mamá lo último que quiere hacer es venir a cooperar ese día. Segundo: de lo único que está enferma es de lata, y como no existen los especialistas que curen dicha condición, NO tiene por lo tanto ninguna hora a ningún doctor... y tercero: obviamente no le costó nada conseguir una hora que no pidió.

Para mi gusto, esta es la menos grave de todas las mentiras, porque seamos honestas…  hay algunas profesoras y delegadas de curso tan alentadas que hacen celebración por todo y a todo hay que ir a cooperar: el día del conejito, las Fiestas Patrias, el cumpleaños de la Miss, el día de la parvularia, la llegada de la primavera, el día del bombero, el día del niño, el día del colegio, el día de la madre, del padre, del abuelo, la Navidad, el paseo de curso, la bienvenida a la nueva compañerita que llegó de Alaska, la despedida de Ivancito que se va a la Cochinchina… Francamente, chicas… ¿No será mucho? ¡Hasta yo feliz me invento una hora al neurólogo! ¡Por estrés escolar!