jueves, 26 de septiembre de 2013

La patrona del bien


Ilustración: Paulina Gaete.
 
“El mundo no lo vemos como es… lo vemos como somos nosotros”. La frase no es mía, obvio. Se la he escuchado a varios personajes sobresalientes. ¿No les parece increíble? Que el mundo que nos rodea en verdad no existe. Que sólo existe en la medida en que nosotros, como observadores lo creamos. Eso es. Una vez develada, entendida e internalizada esta verdad, ya no podré hacerme más la víctima de nada. Y por consecuencia, se acabaron las quejas, los reclamos y la secreta idea que alguien conspira en mi contra. Bueno, esto último tiene una sola posibilidad de manifestarse en mi vida: yo soy la única persona que estoy habilitada para conspirar en mi contra. Así de estúpido. 
Y estas son buenas noticas, claro. ¡Magníficas noticias! Porque yo (me, myself and I) paso a ser la patrona indiscutida y suprema de mi propia vida. La patrona del bien.  ¡Ja! Suena power. ¿Conocen a Bruce Lipton, doctor en biología, norteamericano? En su libro “The biology of bilief” los va a dejar con la boca abierta. Yo aún no puedo cerrarla. Explica todo de una forma tan simple, tan clara y todo con una base científica… Él dice: “Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas”.

Y a mi eso me resuena como una verdad del porte del Estadio Municipal de Antofagasta (me gusta mi ciudad ¿ya?). Las creencias están grabadas en lo más profundo de nuestro subconsciente. Corresponden a información que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestro peregrinar en esta vida. Pero ojo, porque el Dr. Lipton explica que hasta los 6 ó 7 años nuestro cerebro está en modo de programación, lo que quiere decir que toda la información que nos llega, que leemos y que descargamos en nuestro software interno hasta esa edad se almacena de manera subconsciente como las instrucciones de acuerdo a las cuales vamos a actuar por el resto de nuestros días. En otras palabras, hasta los 7 años los seres humanos somos programados. ¿Por qué en la religión católica se hace la Primera Comunión a los 7 años? ¿Por qué se dice que al cumplir 7 años ya se tiene discernimiento? Científicamente se ha comprobado que hasta más o menos esa edad, el cerebro de los niños funciona entre las  frecuencias Theta y Delta, que son las frecuencias de los estados de hipnosis…  Y después de los 7 años y durante todo el resto de nuestra vida actuamos según esa programación. Por ejemplo, si tuviste experiencias en las que viste a tus padres aterrados por una araña, lo más probable es que hayas sido programado para temerle a esos bichos. Y por el resto de tus días vas a actuar de acuerdo a esa programación. Ya sé, el ejemplo es un poco burdo, pero es para explicar la idea. Porque hay programaciones mucho más sutiles, que ni siquiera nos damos cuenta que tenemos. Al menos yo podría escribir un libro entero con las que me he dado cuenta que tengo... y quizá cuántas más hay que ni sospecho.  
Lo preocupante es que aunque en el día a día aparentemente parecemos personas que estamos conscientes la mayor parte del tiempo, déjenme decirles que entre el 95% y 98% de nuestras acciones están dominadas por el subconsciente, por esa parte de nosotros que actúa automáticamente. Sólo entre 5% y 2% de lo que hacemos diariamente está dominado por la mente consciente. Si no me creen, lean el libro del Dr. Lipton. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, querer ganar más dinero, si nuestro subconsciente está programado con el input de que que es muy difícil ganarse la vida, no conseguiremos nuestro objetivo.

Como dijo ese señor que hacía autos, Henry Ford: “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes… tienes razón”. Esta es una frase tremendamente eficiente y explicativa para señalar que son tus creencias (o tus programaciones) las que van a determinar cómo va a ser tu vida. (Se me viene a la cabeza otro libro increíble: “La ley del espejo”, de Yoshinori  Noguchi). Mi vida es un reflejo de lo que yo creo… Por eso este blog se llama “Eres lo que quieres ser”. Cada uno de nosotros tiene la llave. Cada uno de nosotros es dueño de su propia existencia. Cada uno de nosotros es el capitán del barco. Cada uno es su propio jefe. Cada uno es su propio patrón. Y yo, quiero ser la patrona del bien… de mi bien.