jueves, 5 de septiembre de 2013

Vivir en el desierto


Ilustración: Paulina Gaete.
 
El desierto es seco. Yo vivo en el desierto. El más árido del planeta. En cierta forma, todos hemos vivido en medio del desierto alguna vez. Más de alguno habrá caminado por esos parajes yermos y desolados y habrá sentido la inclemente clavadura de los rayos ultravioleta en la piel. Otros habrán llorado incesantemente en esas negras y gélidas noches... y lo más probable es que por culpa de las copiosas lágrimas se perdieran a las estrellas fugaces bailando sobre sus cabezas.  Muchos se habrán sentido perdidos, desorientados, solos, olvidados y habrán gritado hasta desgañitarse el alma, a ver si alguna otra alma que anduviese por ahí tan perdida como ellos, los pudiera escuchar.
Yo me he sentido así. Varias veces. Muchas veces. Incontables veces.

Hasta que de tanto andar por esos lares inhóspitos, de tanto ir y venir sin rumbo, sin norte y sin agua, empecé a  sentirme como en casa. Y me hice amiga del polvo, de los guijarros, y de los setenta y cuatro diferentes tonos de color marrón con que se pintan las colinas del horizonte al atardecer. Y un día hastiada ya de estar callada, de no hablar con nadie, de no poder contar historias y de haberme olvidado por completo del sonido de mi voz… empecé a tararear una melodía y fue fantástico y por primera vez después de mucho tiempo me olvidé que estaba en el desierto, que el sol quemaba en el día, y que no me había bañado desde que nací.  
Y como que de un momento a  otro no necesité nada más.  

Y decidí que ahí me quedaba. Y decidí que ahí sería feliz.
Y construí una pequeña ruca, enclenque pero hermosa. Estrecha pero mía.  Con cuatro palos y algunos trozos de lona revenida y desgastada que el viento se preocupó de ayudarme a encontrar. Y allí me refugiaba en las noches y dejaba al frío afuera, congelando todo lo que siempre había congelado. Pero ya no podía congelarme  a mí.

Yo había encontrado mi fuego interno. Lo que me hacía soñar. Y en esas noches, en las mismas noches en las que antes  yo lloraba de angustia y de pena y de nada, ahora yo inventaba canciones y me ponía a cantar.