martes, 24 de septiembre de 2013

El calcetín huacho


Ilustración: Paulina Gaete
 
Básicamente la pregunta es por qué estamos aquí. Por qué y para qué. ¿Cuál es la razón para que nos tomemos la molestia? ¿O está mal dicho que sea una molestia? Honestamente, nada está mal dicho, en la medida que venga desde adentro. Desde ese lugar intangible pero real; desde ese lugar indescriptible, pero completo; desde ese lugar tan escondido, pero tan abierto. Ahí donde están todas las respuestas, todas las verdades, todas las posibilidades.  ¿Pueden imaginar ese lugar? ¿O sólo pueden sentirlo? Habitualmente, al menos en mi caso, lo vislumbro sólo a través de destellos… Brevísimos instantes en que todo parece tan claro, tan obvio, tan incuestionable… y luego esos instantes desaparecen, se van, se esconden en la cordura de la vida, en la razón, en la lógica y en toda esa maraña de falsas verdades que se han ido inventando a través de los siglos.
Pero que el destello no alumbre, no significa que no haya nada que alumbrar. Significa solamente que estamos a oscuras… ¿Alguien sabe dónde está el interruptor? Hay varios que dicen que lo han encontrado y que lo encienden y lo apagan a discreción. Me he leído todos los libros donde cuentan su aventura, ninguno de esos libros incluye el mapa que necesito. A veces no entiendo lo que dicen. Otras veces me ilusiono con sus historias. Pero al final ninguna de ellas es mi historia. Y me quedo igual que como empecé. Sé más cosas, pero estoy igual de ciega. A eso me refiero.

Y mientras tanto, hay que seguir viviendo. Seguir funcionando. En un mundo que es complejo de entender. Y la pregunta sigue intacta: ¿Por qué estamos aquí? Me levanto todos los días. Hago todo lo que tengo que hacer y cuando llega la noche y apago la luz y cierro los ojos… la respuesta tampoco aparece. Y me duermo no más. ¿Será que hay preguntas que no tienen respuesta? No creo. No debiera ser así la cosa. Si la pregunta se ha manifestado, entonces por defecto la respuesta tiene que estar en algún lugar. Como cuando se te pierde un calcetín… en algún lugar está el que anda perdido. Aunque no lo encuentres nunca más. No es que el que se perdió no existe, es que se perdió no más. Los calcetines huachos son sólo una ilusión, porque en verdad, ningún calcetín es huacho. No se hacen calcetines de a uno. No se fabrican por unidad. Siempre vienen juntos, de a pares, de a dos.  Con las preguntas y las respuestas pasa más o menos lo mismo. ¿Me entienden?
Entonces, esta analogía como que me gustó. Porque así me siento. Como que ando desesperada buscando el calcetín que se me perdió. Lo más irónico en todo caso, es que si las respuestas a las preguntas difíciles se comportan como el calcetín perdido, entonces el día menos pensado vamos a abrir el cajón y voilà… todo siempre estuvo donde tenía que estar…  ¿Será tan así?