domingo, 5 de julio de 2015

Nunca hemos ganado nada... (Hasta ahora)

(Columna publicada en "El Mercurio de Antofagasta", 
el sábado 4 de Julio de 2015, antes de la final Chile-Argentina).

De cara a la final de la Copa América se ha repetido majaderamente que los chilenos “nunca hemos ganado nada”… Sinceramente, la frasecita me crispa. Me pone mal. Porque no es una frasecita cualquiera ya que siempre que se dice, se dice con su qué. Es ese qué,  el que en realidad me molesta, porque implica un juicio, o lo que es peor, una sentencia. Una sentencia que de manera solapada –escondiéndose detrás de una expresión aparentemente objetiva- sabotea los sueños, deteriora la ilusión y valida- erróneamente, para mi gusto- la idea de que el pasado nos determina, ya que de manera subliminal se entrega el mensaje de que si nunca hemos ganado nada… ¿Por qué tendríamos que ganar algo ahora?

Tiendo a pensar que lo hay detrás no es más que miedo: miedo a hacernos cargo de que sí podemos salir campeones, miedo a ser los mejores, miedo a dejar de ser víctimas, miedo a asumir la responsabilidad de lograr el objetivo. 

El pasado no es más que una construcción mental basada en experiencias, las que a su vez están compuestas tanto por hechos, como por las percepciones que nosotros tenemos acerca de esos hechos. Explicado de otra forma, la ecuación hecho (objetivo) + percepción (subjetiva) = experiencia, demuestra que el pasado, entendido como una sucesión de experiencias que tienen un componente de subjetividad,  nunca es del todo imparcial y verdadero y por lo tanto, malamente puede erigirse como un pivote concluyente para  determinar  el  presente o el  futuro de una persona, de una organización, de un país… o de un equipo de fútbol.

Entendí lo anterior hace ya varios años, cuando recién egresada de la universidad tuve la posibilidad de viajar al extranjero sola. Por primera vez en mi vida, experimenté una sensación de absoluta libertad. Nadie me conocía en el lugar al que iba, nadie sabía quién era yo, ni cómo era yo, ni como solía ser yo, por lo mismo, a partir de ese momento descubrí que yo podía ser quien yo quería ser. No tenía que actuar de acuerdo a las etiquetas y los roles con los que durante años me identifiqué y comprendí entonces que casi todo lo que hacemos en la vida está condicionado no por cómo somos, sino por cómo creemos que somos y por cómo creemos que los demás creen que somos. Vivimos sujetos a tantas creencias, que pensamos que ellas nos definen y terminamos actuando en consecuencia.

Bueno, no debería ser así. El pasado no tiene el poder –a menos que yo se lo confiera- de evitar que yo reinvente mi vida en un presente nuevo y en un destino mejor.  Y finalmente, la lógica que se tendría que aplicar es que si voy a actuar de acuerdo a mis creencias, al menos debería escoger las creencias que me potencian y no las que me limitan. 

De alguna forma, pienso que este grupo de jóvenes y cuerpo técnico que conforman la actual Selección Nacional de  Fútbol, tienen la gran misión no sólo de ganar la Copa América, sino de cambiar la creencia de millones de chilenos y hacernos entender a todo un país que el pasado da lo mismo, que las etiquetas autoimpuestas las puedo cambar cuando quiera, y que de ahora en adelante vamos a empezar a ganarlo todo.