viernes, 11 de julio de 2014

Veamos qué nos trae el tiempo


He pasado toda la semana obsesionada pensando por qué ocurrió lo que ocurrió el sábado pasado en el partido Chile-Brasil. ¿Por qué si estuvimos tan cerca no ganamos? ¿Por qué si jugamos mejor que ellos, no ganamos? ¿Por qué si fuimos aguerridos, comprometidos, si nos paramos de igual a igual en la cancha no ganamos? Claramente algo faltó. Algunos dicen que  –evidentemente- lo que faltó fueron los goles. Otros argumentan que fue la suerte la que nos jugó en contra. Yo no lo sé. No estoy segura de qué fue lo que salió mal.

Y quizá por un buen rato no sepamos por qué no ganamos. Los análisis aún están sobre caliente y lo único que tenemos que tener claro es la certeza de que lo que fue, fue tal y como tenía que haber sido. Todo lo que se diga es aún prematuro, porque en verdad no tenemos toda la información. Sabemos lo que pasó antes y durante, pero no sabemos lo que pasará después. Nos falta esa pieza para armar el puzzle completo. Quizá la teja de por qué no ganamos nos va a caer sólo con el entendimiento que da la perspectiva… ¿Fue negativo o positivo haber perdido ante los Pentacampeones? ¿Quién sabe?

Y esto me recuerda un cuento chino que relata las aventuras y desventuras de un pobre pero muy sabio campesino quien trabajaba la tierra con su hijo. Un día el hijo le dijo: “¡Padre, qué desgracia! ¡Se nos escapó el caballo!”. “¿Por qué le llamas desgracia? -le respondió el padre- Veremos qué nos trae el tiempo”.  A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. “¡Padre, qué buena suerte!”, exclamó esta vez el muchacho, “Nuestro caballo ha traído otro caballo”. El anciano le respondió: “¿Por qué le llamas buena suerte?… Veamos qué nos trae el tiempo”.

Pasaron unos días y el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado a ningún jinete lo arrojó al suelo. El joven se quebró una pierna. “¡Padre, qué desgracia! – exclamó ahora el muchacho - ¡Me he quebrado la pierna!” Y el padre muy calmado sentenció: “¿Por qué le llamas desgracia?...Veamos qué nos trae el tiempo”. Una semana más tarde, pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo. Entonces el hijo entendió todo lo que tenía que entender y esta vez exclamó… “¡Veamos qué nos trae el tiempo”.

Lo que pasó con Chile en Brasil 2014, ya pasó y fue espectacular, porque después del último partido con los dueños de casa algo en cada uno de nosotros cambió para siempre. Si fue justo o fue injusto; si será para bien o será para mal haber quedado eliminados… ¡Quién sabe!... Veamos qué nos trae el tiempo.