domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Halloween o Jálogüin?


A propósito de muertos, fantasmas y zombies. Qué fiesta más rara es Halloween. Es rara porque para empezar ni siquiera sabemos lo que significa Halloween (una rápida búsqueda en Wikipedia, arroja que se trata de una contracción de All Hallows' Eve, que significa “Víspera de Todos los Santos”). Si se castellanizara, la palabra debería escribirse Jálogüin, pero en realidad, eso se ve aún más raro. Así es que Halloween así en inglés está bien. Está bien, pero –insisto- es una fiesta rara.
Cuando yo era chica, Halloween no existía en este país. Nadie salía a tocar los timbres del vecindario pidiendo “dulce o travesura” (a lo más sólo hacíamos ring-raja). Nadie tampoco se disfrazaba de esperpento, ni decoraba su casa con negro y con naranja. Pero hace rato que ya no soy chica y hace rato también que el mundo cambió y se globalizó y hoy todo es diferente y lo que se hace en Estados Unidos se hace también en la China, en el Congo y en Chile. Así, sin más razón que la sinrazón. Por eso es raro Halloween, porque es una fiesta ajena, difícil de entender para los que no nacimos con ella. Pero bueno, aquí está y al parecer cada año va tomando más fuerza.

Esto quizá se deba a que cada año hay más muertos que el año anterior. No es menor constatar que anualmente mueren en este planeta cerca de 56 millones de personas. Otro dato: en total, desde que el mundo es mundo, se estima que han pasado por la faz de la tierra más de 107 mil millones de seres humanos, y si consideramos que hoy la población mundial es de aproximadamente 7 mil millones de personas, podemos deducir que los habitantes del más allá superan las 100 mil millones de almas. Y nunca tienen bajas. De más está mencionar que nadie, jamás, abandona ese lugar. ¿Qué tal? Después de este análisis Halloween no parece una celebración tan descabellada: son considerablemente muchos más los que están en el patio de los callados que los que aún seguimos vivitos y coleando. Es justo que esas miles de millones de almas tengan una fiesta al menos una vez en el año.
Pero igual, me sigue pareciendo raro que para recordar a los que han pasado a mejor vida nos pasemos la tarde entera abriendo la puerta de la casa y entregando caramelos. Me cuesta hacer el link para entender la lógica que hay detrás. Pero como el reino de los muertos debe tener una lógica bien distinta a la del mundo de los vivos, me declaro incompetente para hacer el análisis. Lo único que me queda claro después de esta reflexión, es que los que estamos vivos somos muchos menos que los que están muertos, y que durante el breve espacio de tiempo en el que vamos a estar por estos lados antes de que nos llegue nuestra hora fatal, más nos vale gozar, disfrutar y mirarle el lado amable a la vida. Y esto incluye que cada último día del Octubre abramos la puerta de la casa las veces que sea necesario no sólo con las manos llenas de caramelos… sino que también con la cara llena de risa.