domingo, 9 de noviembre de 2014

Hay que hacer lo que hay que hacer




Una de las grandes verdades de la vida es que de ésta sí que no salimos vivos y entonces, si todos al final de alguna u otra forma vamos terminar nuestro periplo por estos lares ¿qué tenemos que perder? Nada. Si se trata de hacer que esto valga la pena, entonces, que así sea. Porque en verdad la idea es que en el minuto de los “quiubo”, todo cuadre, todo encaje y que podamos respirar aliviados con la única sensación que en verdad alivia en la vida, que es la sensación de haber hecho la pega y de haber dado el cien por ciento.
Pocas experiencias hay tan reconfortantes como presentarse a dar una examen y tener la tranquilidad y la certeza que estudiaste todo lo que tenías que estudiar, a conciencia, honestamente. Es una sensación de fortaleza y poder. Cuando no es así, te debilitas porque tiendes a traspasar tu poder a elementos ajenos a ti: a la suerte, a la prueba, al profesor, al alumno que se sienta a tu lado, al clima, al insomnio, incluso a la estampita que llevas guardada en el bolsillo de la camisa. Si eliges creer que todas esas cosas tendrán algo que ver en el resultado de tu prueba, es tu decisión. La experiencia me ha enseñado que ésas son sólo ilusiones. Ilusiones que lo único que hacen es embriagarte con mentiras que no son más que producto del miedo de sentirte perdido y solo. Pero, sinceramente, uno nunca anda ni tan solo, ni tan perdido, porque aunque sea bien en el fondo, uno tiene al menos la vaga noción de que para sacarse una buena nota en un examen hay que estudiar para la prueba.

Pasamos la existencia sacándole la vuelta a lo que tenemos que hacer y cuando nos percatamos de que no hicimos lo que vinimos a hacer a este mundo puede ser demasiado tarde. Bueno, no todo siempre es tan prístino, claro y evidente. Las determinaciones flaquean a veces, hay varios días en los que he querido dejar botadas todas mis buenas intenciones de Año Nuevo, y sí, confieso que mil veces las he dejado botadas y olvidadas en el camino. El día a día es complejo, te hace perder perspectiva, te “terrenaliza” todos los sueños y te convierte en un peatón más al que muchas veces le cuesta sobreponerse a la pesadez de la cotidianidad. Pero como dicen por ahí, hay que tratar de acordarse siempre que “para tener lo que nunca has tenido debes hacer lo que nunca has hecho”.
En fin, lo que quiero decirles es simplemente que para bajar de peso hay que dejar de comer, para ganar dinero hay que trabajar, para ser campeón hay que entrenar, para ser feliz hay que dejar de sentirse desgraciado, para gozar hay que dejar de sufrir, para comprarse un auto hay que ahorrar plata, para ir al cine hay que pagar la entrada, para tener la casa limpia hay que tomar la escoba y barrer. En pocas palabras, para tener lo que quieres tener… hay que hacer lo que hay que hacer.