martes, 14 de abril de 2015

Cuando lo imposible se vuelve posible

Quizá hayan escuchado hablar de Roger Bannister. Bueno, este personaje fue un conocido atleta inglés, que en 1954 se hizo famoso por convertirse en el primer ser humano en correr una milla (1,6 km aproximadamente) en menos de 4 minutos. Hasta dicha fecha, tal hazaña era impensada, ya que la “verdad”  instalada en el colectivo señalaba que era imposible que el cuerpo humano recorriera semejante distancia en un lapso inferior a 4 minutos. Varios lo habían intentado, pero habían fracasado, reforzando así la creencia popular. “Superar esa marca implicaría que el cuerpo humano colapsaría por la presión”, decían unos; “No es que sea peligroso hacerlo… es simplemente inviable”, afirmaban otros.

Pero como la vida es sabia, de tanto en tanto se encarga de mostrarnos que las cosas son imposibles sólo hasta que alguien las hace posibles. Es lo que sucedió con Roger Bannister, que a sus 25 años, el 6 de mayo de 1954, recorrió 1 milla en 03:59:4. Pero lo más increíble de todo, no es el hecho de que este connotado atleta haya logrado romper esa barrera, sino que una vez que probó que correr una milla en menos de 4 minutos era posible, muchos comenzaron a ser capaces de realizar la misma hazaña. De hecho, el récord impuesto por Bannister duró apenas 6 semanas, hasta que otro atleta corrió la misma distancia en 03:58.0. Desde entonces, el récord se ha roto 18 veces, siendo la actual marca de 03:43:13, ¡17 segundos menos que 4 minutos!

Cuando uno deja de creer que algo es imposible, se convierte en posible. Las aparentes barreras de nuestra vida, muchas veces están afirmadas sólo en paradigmas mentales. Cuando logramos cuestionar dichos paradigmas, los debilitamos. Ese debilitamiento abre una fisura a través de la cual podemos superar las limitaciones y cambiar completamente nuestra realidad. Por eso la frase “somos lo que creemos” tiene todo el  sentido del mundo. Las creencias no son verdades absolutas… son sólo creencias. Y por lo mismo, podemos escogerlas. Escojamos las creencias que nos potencian, no las que nos disminuyen y nos limitan.


El logro de Bannister fue en primera instancia una batalla personal, que luego se convirtió en una inspiración para el resto de la humanidad. El psiquiatra y filósofo David Hawkins, explica que “en este universo interconectado, cada progreso que logramos en nuestro mundo privado, mejora el mundo en general para todos”. Y eso conviene tenerlo en cuenta, sobre todo cuando estamos inmersos en una realidad en la que todos pensamos que alguien más tiene que venir a resolvernos la vida y a solucionarnos los problemas. 

Hacer que lo imposible se convierta en posible es primeramente un desafío personal  y es una batalla que todos deberíamos empezar por dar en nuestro mundo particular, personal e íntimo. El resto viene por consecuencia y añadidura. La historia de Roger Bannister (así como muchas otras) enseña que quienes hacen que las cosas sean posibles o imposibles, somos cada uno de nosotros y que, finalmente, la única manera de cambiar el mundo es cambiar uno.