viernes, 24 de octubre de 2014

La brecha

(Columna publicada en El mercurio de Antofagasta el Sábado 27 de Septiembre de 2014)
 
"¿Qué quieres ser cuando grande?". Es una pregunta inmortal. A todos nos la hicieron una y mil veces cuando niños. Todos, curiosos, la hemos vuelto a formular. Y comparamos. ¿Qué quería ser yo cuando grande? ¿En qué finalmente me he convertido? Supongo que el balance debe ser personal y privado. Algunos sacarán cuentas alegres; otros, suspirarán aliviados al ver que finalmente nunca se convirtieron en aquello que alguna vez pensaron podían llegar a ser y también están los que, quizá amargamente, reconocerán que tienen una deuda con ellos mismos y con esos sueños que no han logrado cristalizar.
 
Esa deuda es lo que también podemos llamar la brecha. O sea, la distancia que hay entre lo que pensé que iba a ser y lo que finalmente fui. La brecha es una especie de antimateria: lo que no fue, lo que no he logrado, lo que falta, lo que nos separa, lo que nos impide convertirnos en lo que alguna vez bosquejamos para nosotros mismos. La brecha es bastante hostil y extraña, porque en ella habitan todo tipo de fantasmas, miedos e inseguridades.
Es, además, el medio ambiente ideal para el cultivo de las más intrincadas excusas: grandes, chicas, grotescas, increíbles, y también aquellas que parecen casi-casi verdaderas. Le brecha es, asimismo, la rendija favorita de la mala suerte y de los males de ojo, que dicho sea de paso, no son más que otro tipo de excusa.
 
Sin embargo, lo más peligroso de la brecha es que con el tiempo logra engatusarnos y empezamos a sentirnos más y más cómodos con su falsa compasión y su malentendida condescendencia. Porque mal que mal, la brecha perdona nuestros pecados, avala nuestra somnolencia, nos apaña en la pereza y se convierte finalmente en una zona de confort que cada día es más difícil dejar. La brecha nos reduce a la versión más mezquina de nosotros mismos y, como la bribona astuta y mentirosa que es, reconforta la indigencia de nuestro espíritu con el más vil de los consuelos: el conformismo.
 
¿Y saben por qué? Porque la brecha comprende que está permanentemente amenazada de muerte, pero al mismo tiempo sabe que si nosotros nos conformamos con lo que tenemos, nunca vamos a apretar el gatillo. Por eso el llamado es a rebelarnos contra la brecha para que cada vez sea más corta y más estrecha y más insignificante, hasta que llegue el día en que no exista y que en vez de brecha… haya simplemente un sueño convertido en realidad.