viernes, 24 de octubre de 2014

Valor agregado


Columna publicada en El Mercurio de Antofagasta el Sábado 13 de septiembre de 2014.
La mente no para. Todo el día parloteando, comentando, enjuiciando. Nunca se calla. Su diálogo es intenso y es sordo: no escucha más que sus propias razones, no obedece más que sus mismos patrones de siempre y la información que recibe la procesa a la luz de sus más profundas creencias. Leyendo “El Poder del Ahora” de Eckhart Tolle, me he hecho un poco más consciente de esta permanente conversación que tiene lugar en mí. Entiendo que la afirmación que acabo de hacer es bastante rara, porque implica que en el coloquio que se lleva a cabo en mi interior –como en todo coloquio- hay al menos dos participantes: uno sería mi mente con mis pensamientos… ¿y el otro, quién sería?
Puedo entender que yo no soy mis pensamientos y, por ponerlo de manera rimbombante, puedo decir incluso que yo soy más que mis pensamientos. Sin embargo, para mi sorpresa, debo reconocer que la mayor parte del tiempo me identifico tanto con lo que da vueltas en mi cabeza que soy incapaz de establecer la diferencia. Y el simple hecho de constatar que en general me muevo por la vida creyendo a pies juntillas que yo soy mis pensamientos, no me deja para nada indiferente, porque significa entonces que casi siempre creo ser quien en verdad no soy. Y eso sí me parece un tanto  patológico.

¿Esto no es acaso lo que nos pasa a casi todos? ¿Estaremos todos un poco locos, entonces? Eckhart Tolle señala que “la causa principal de infelicidad nunca es la situación, sino tus pensamientos sobre esa situación”. No somos lo que pensamos y más aún, lo que pensamos sobre lo que nos sucede no es más que la interpretación de un hecho que en sí mismo sólo es lo que es: ni bueno, ni malo, ni positivo, ni negativo. Es uno el que le agrega el valor.
Al igual que el IVA, que es un impuesto que recauda el fisco y que en Chile recarga el 19% sobre la transacción comercial de un bien o servicio, aumentando así su precio de venta, nuestra realidad está construida por experiencias y situaciones cuyo significado se recarga con el valor agregado que le dan nuestros pensamientos (que en muchos casos superan por lejos el 19%) haciendo que estas experiencias o situaciones sean mucho más de lo que en verdad son. En este sentido sería quizá más sensato copiarle a los norteamericanos, que siempre venden sus productos diferenciando el valor original de éstos del valor del impuesto (por ejemplo, el precio de una polera es de US$ 9.99 plus tax). Una cosa es el precio del producto y otra el valor agregado del impuesto… Una cosa es lo que nos sucede y otra cosa el valor agregado por el pensamiento a eso que nos sucedió.