lunes, 15 de junio de 2015

Miedo

Todos tenemos miedos. Miedos reconocidos y miedos que permanecen ocultos y que de alguna forma no estamos preparados para reconocer que los tenemos. Y a veces esos miedos que están escondidos, se refugian detrás de otros miedos. Fobias, preocupaciones, inseguridades, son todas distintas manifestaciones de una misma cosa: miedo. Miedo a la muerte, al futuro, al qué dirán, al ridículo, a la soledad, al abandono… y a mil cosas más. El miedo es siempre falta de confianza y la falta de confianza siempre se refleja de manera dolorosa en realidad que construimos.

Hay un hermoso cuento chino que ejemplifica lo que quiero decir y que lo extraje del libro “La Estrategia del Dragón” de Analía L’Abatte y Karina Qian Gao: “Después de largos años de trabajo y esfuerzo un campesino había acumulado trescientos lingotes de oro, que constituían toda su fortuna. Cuando se dio cuenta de que tenía una riqueza tan grande, se volvió temeroso de alguien se la robara. Aunque escondió los lingotes en varios lugares de su casa, ninguno le parecía lo suficientemente seguro. Una noche, se levantó de su cama en medio de la oscuridad y enterró los lingotes de oro en su jardín. Pero era tal el miedo y el deseo de ocultar de los demás la existencia de su tesoro, que colocó en el lugar donde lo había enterrado un cartel que decía “Aquí no hay trescientos lingotes de oro”. A la mañana siguiente, su vecino vio el cartel, desenterró el oro y se lo llevó”.

A veces, nuestros miedos lo único que hacen es que a través de un torcido mecanismo inconsciente, nos obligan construir precisamente la realidad que más tememos. Lo cual retroalimenta nuestra creencia y por ende, nuestro miedo crece. Hay que decir, eso sí, que el miedo tiene una base biológica y que en cierta forma es un mecanismo que busca protegernos. El miedo, por ejemplo, impide que nos tiremos por un acantilado y permite que huyamos ante algún peligro inminente. Sin embargo, en su versión desequilibrada, el miedo se convierte en una emoción tóxica y paralizadora.
En realidad no hay nada malo en tener miedo. Lo malo está cuando el miedo nos controla y condiciona todo lo que hacemos o dejamos de hacer. Por eso, los expertos recomiendan que lo mejor es reconocer los miedos y enfrentarlos. Una buena pregunta que al menos a mí me ha dado resultado cuando quiero poco a poco ir debilitando mis miedos es… ¿qué es lo peor que puede pasar? 

Imaginándome el peor escenario contextualizo el miedo, le pongo límites, le doy forma y evito que sea una sensación desbocada.  Aunque el miedo sigue ahí, logro empoderarme y demarcar su poder sobre mí. De cierta forma, el miedo siempre me hace ver  las cosas peor de lo que son y cuando empiezo a desenmascararlo inevitablemente se debilita.

El miedo le hizo perder al campesino chino sus trescientos lingotes de oro, quien no logró comprender que su verdadero tesoro estaba en superar su miedo.