lunes, 15 de junio de 2015

Vulnerabilidad

Nadie es perfecto, pero pucha que nos gusta que el mundo crea que sí lo somos. Nos gusta que piensen que somos mamás perfectas, esposas perfectas, apoderadas perfectas, profesionales perfectas. Uno lo ve en todas partes y a cada rato. Y, ciertamente, yo no me excluyo de tal paisaje. Con todo, detrás de cada fachada, hay siempre mil historias. Historias de logros e historias de tragedias; instantes de gloria y momentos de derrota; hay aciertos y también hay errores. Pero en general, enarbolamos mucho más nuestro lado más amable y victorioso, y en algún sentido está bien que sea así.

Pero sólo en algún sentido… porque en verdad, me parece que es profundamente sano que de vez en cuando admitamos nuestra vulnerabilidad. Sin embargo, es tan difícil encontrarse con personas que genuinamente asuman la responsabilidad de enfrentar de cara al público su lado más frágil. 

Esta semana, a través de una experiencia que le tocó vivir a una querida amiga, fui testigo de todo el coraje que se necesita para ser auténticamente vulnerable. Y me acordé del libro “Frágil”, de Brené Brown, que leí hace unos años, donde la autora dice que “la vulnerabilidad suena como verdad y se siente como coraje. La verdad y el coraje no siempre resultan cómodos, pero nunca son una debilidad".

Hoy, con toda mi admiración, quiero dedicarle esta columna a mi amiga y a todas esas personas que, cuando la vida así lo ha requerido, han sido capaces de hablar desde el corazón, con honestidad, sin dobleces y sin máscaras. Sin tratar de parecer nada más que lo que son: seres que a pesar de lo difícil que les resulte, son valientes y logran mirar a los ojos del otro con toda su verdad e imperfección.

Cuando nos mostramos vulnerables frente a los demás, aparece nuestra cara más auténtica y, por qué no decirlo, nuestra cara más hermosa. Pero como en nuestra sociedad hemos malentendido la belleza, la hemos plastificado con modos y actitudes de “personas perfectas”, lo que finalmente no hace más que arruinar el sentido de vivir la vida de la manera más plena posible. La plenitud sólo se logra cuando honramos lo que somos y dejamos de disfrazarnos de lo que queremos que los demás crean que somos o de lo que se supone que debemos ser. Es por eso que en la dinámica de hoy la vulnerabilidad nos sorprende tanto, no sólo porque es un fenómeno poco habitual, sino porque además aparece como un preciado bálsamo en medio de un agotador juego de caretas. Al respecto, Brené Brown señala: “cultivamos el amor cuando permitimos que nuestro aspecto más vulnerable sea visto y conocido y cuando honramos la conexión espiritual que se genera  a partir de esta ofrenda con confianza, respeto, compasión y afecto”.


Por todo lo anterior, deberíamos conectarnos más con nuestra vulnerabilidad, porque es un portal que nos ofrece un camino hacia una vida más auténtica, más relajada y muchísimo más feliz, tal como lo expresa Brené Brown, “baila como si nadie mirara; canta como si nadie escuchara. Ama como si nunca te hubieran dañado y vive como si el cielo estuviera en la tierra”.