miércoles, 2 de septiembre de 2015

Ese viejo cuento

(Publicada en "El Mercurio de Antofagasta" el sábado 29 de agosto de 2015)

Cada uno de nosotros tiene su historia. Todos venimos de algún lugar, nos han sucedido cosas, hemos tenido distintas experiencias, hemos amado, llorado, sufrido, reído, en fin, hemos vivido. Cuando miramos el pasado, tenemos un cuento que contar. Y lo contamos. Y ahí está la clave. No en el cuento en sí… sino más bien en cómo contamos ese viejo cuento.

Es tan automático el proceso, que ni siquiera nos percatamos que hay una palanca que podemos accionar. Pensamos que nuestra historia de vida es tal como la recordamos, tal como se nos viene a la mente. Estamos tan acostumbrados a escuchar una y otra vez el mismo relato trasnochado, contado de exactamente la misma manera, que anulamos la posibilidad de revisar lo ocurrido, de mirarlo con nuevos ojos, de ponerle otros acentos, de describirlo con otras palabras. 

No debería ser así, pero habitualmente la historia personal que nos contamos a nosotros mismos es la que determina en gran medida lo que somos hoy, lo que hacemos y cómo lo hacemos. Mucha gente está estancada por la historia que se cuenta a sí misma y porque vive de acuerdo a esa historia. Frases como “siempre he sido así”, “nací así”, “nunca he sido buena para…”, “no está en mi naturaleza”, “nunca me gustaron las lentejas”, “desde chica soy pésima para los deportes” etc., etc., etc. Todas ellas son afirmaciones que pronunciamos hoy, pero que tienen su raíz en el pasado… No… Perdón. No en el pasado… sino en cómo nosotros hemos archivado ése pasado, que es muy distinto.

No se puede acceder a un presente renovado y rico en posibilidades, mientras tengamos una historia que diga que es imposible, o que diga que esto no funciona, o que he tratado todo, o que no puedo ser eso que tanto quisiera ser. Lo único que me aleja de obtener lo que quiero es la historia que sigo contándome a mí misma sobre por qué no puede suceder lo que tanto quiero que suceda. 

Viendo un video de la conocida presentadora norteamericana Oprah Winfrey, me encontré con una conversación que tenía con T.D. Jakes, pastor y escritor norteamericano. Durante el diálogo, él lanzó una frase que me dejó helada: “Cuando te aferras a tu pasado, lo haces a expensas de tu destino”. Nada más cierto.


Así es que me puse a repasar todos esos relatos que no me dejan avanzar y decidí que los voy a re-escribir. No es que vaya a cambiar la historia, porque ciertamente, los hechos no se pueden cambiar y es innegable que lo que sucedió, sucedió. Lo que voy a modificar es la forma cómo me cuento a mí misma (y al mundo) esa historia. Soy  periodista y jamás me atrevería a cambiar los hechos de una noticia, pero ahora entiendo que en vez de escoger un titular que me limite, tengo que elegir el que más me potencie.