lunes, 11 de abril de 2016

Estar preparado

Imagen: cortesía de Panuruangjan en FreeDigitalPhotos.net 
Al momento de nacer, y después de nueve meses de estar en el vientre materno, se supone que los seres humanos estamos preparados para sobrevivir en este mundo. Comme-ci comme-ça, diría yo, no más. Porque aunque podemos respirar de forma autónoma y nuestras funciones biológicas se ejecuten correctamente, hay una variedad de aspectos para los que no estamos preparados: alimentarnos, abrigarnos, asearnos, desplazarnos, por mencionar sólo algunos. Gracias a Dios, contamos con nuestras madres y/o cuidadores que nos asisten en todas esas tareas. Y así la vida comienza avanzar y poco a poco empezamos a caminar, a hablar, a comer solos, a lavarnos los dientes, las manos, y mil etcéteras más.

Pero a medida que nos vamos adiestrando en ciertas habilidades, van apareciendo distintos desafíos que requieren de nuevas capacidades, en una especie de función rotativa infinita que básicamente cuenta la misma vieja historia: no estamos preparados… hasta que sí lo estamos. Por ejemplo: un día decido que quiero aprender a caminar, y aunque no sé cómo hacerlo, me lanzo igual no más y luego de caídas y porrazos varios, logro caminar (no estaba preparado… hasta que sí lo estuve). En otras palabras: sentir que uno no está preparado para hacer algo es, precisamente, la señal que indica que es el momento exacto para comenzar a intentar eso que aún no sabes hacer. La fórmula funciona perfectamente sólo hasta que por alguna misteriosa razón, empezamos a tergiversar el significado de la señal… y en vez de entender que es momento de intentarlo, creemos que no estar preparado es sinónimo de ser incapaz de hacerlo.

Craso error, y además error causante de un sinfín de problemas: vidas estancadas, sueños abortados, capacidades atrofiadas, talentos desperdiciados. Porque en la vida casi nunca estamos preparados para hacer nada. Antes de elegir nuestra carrera ¿estamos preparados para escoger a lo que queremos dedicarnos laboralmente por el resto de nuestra vida? Antes de casarnos ¿Estamos preparados para lo que significa vivir con otra persona hasta que la muerte nos separe? Antes de ser padres ¿estamos preparados para que otro ser dependa cien por ciento de nosotros? En la mayoría de los casos las respuestas a estas preguntas son negativas, porque en la vida –ya lo dije, pero lo repito- nunca estamos preparados para casi nada. Y eso, en vez de ser un gatillador que nos impulse para buscar la forma de seguir avanzando, se ha convertido en la excusa perfecta para quedarse paralizado.


Cambiarte de trabajo, empezar un nuevo negocio, declarar tu amor, decidirte a cantar, publicar un libro, hablar en público, bajar de peso, correr una maratón, mandarlo a la punta del cerro… ¿Sientes que no estás preparado para hacer nada de lo anterior? ¡Esa es la señal! La señal que te dice que ha llegado el momento de lanzarte, de intentarlo, de atreverte… Si esperas a estar preparado para aventurarte en algo nuevo, las noticias son estas: puedes quedarte sentado esperando eternamente. Uno casi nunca está preparado para nada… Estar preparado nunca debe ser un requisito para hacer lo quieres hacer… debe ser, más bien, el gran resultado.