domingo, 27 de abril de 2014

La llave que todos tenemos


(Columna publicada en El Mercurio de Antofagasta el sábado 26 de abril de 2014)
 
“El poder está dentro de ti”. ¿Cuántas veces habremos escuchado esta afirmación? No importa, porque la pregunta que de verdad hay que hacerse es ¿Estoy realmente entendiendo lo que esta frase está diciéndome? Y lo quiero explicar de la siguiente manera: el poder de nuestra mente va mucho más allá de lo que nosotros mismos sospechamos. Estudios serios han concluido que el 95% de las actividades que realizamos a diario está dominado por la mente subconsciente, la mente consciente sólo opera el 5% de nuestros procesos cognitivos durante el día.
Bruce Lipton,  biólogo celular y PhD, explica que “la mente consciente puede percibir 40 estímulos por segundo mientras que la mente subconsciente percibe 40 millones por segundo, o sea, es un millón de veces más poderosa y ¡actúa el 95% del tiempo!”. Por otra parte,  Joe Dispenza, en su libro “Deja de ser tú”, señala que el ser humano “genera entre 60 y 70 mil pensamientos al día y el 90% de esos pensamientos son los mismos que tuviste el día anterior”. Nos habituamos a pensar siempre lo mismo. Y lo hacemos en automático, de manera subconsciente. Así las cosas, cambiar resulta complejo y difícil. Y lo más difícil de todo es cambiar la forma cómo pensamos.  Si la gran mayoría de nuestros pensamientos son los mismos que tuve el día anterior, esos mismos pensamientos me llevan básicamente a tomar las mismas decisiones,  a tener los mismos comportamientos y finalmente a producir las mismas experiencias… día tras día.

Fue Albert Einstein quien sabiamente dijo: “Un problema no puede ser resuelto en el mismo nivel que se creó”. Y entonces, si la vida que tengo no me satisface o hay aspectos de ella que me gustaría modificar, no puedo hacerlo utilizando los mismos pensamientos que crearon esa realidad, porque así sólo voy a generar más de lo mismo. Sería como insistir porfiadamente en tratar de abrir la puerta con la misma llave que ya sabemos no le hace a la chapa. Obviamente hay que conseguirse otra llave que sí funcione. Hay que generar nuevos pensamientos.
La clave es que esa otra llave no hay que buscarla en ningún cajón, tampoco hay que pedírsela prestada al vecino y menos encargarla al extranjero. Esa llave todos la tenemos dentro. Venimos con ella. Y ahí está, reluciendo perfecta en algún lugar de nuestro corazón… esperando a que nos decidamos a tomarla y meterla en la cerradura para que de una vez por todas abramos la puerta de la vida que siempre quisimos vivir.