lunes, 3 de agosto de 2015

Remezones

No sólo la tierra se remece de vez en cuando. También las placas tectónicas que conforman nuestro mundo personal y privado se mueven cada cierto tiempo para reacomodarse.  Y es necesario que sea así. Los llamados remezones de la vida ayudan a ordenar las prioridades que con el tranco diario se van poco a poco alborotando y desencajando. Los remezones balancean y ajustan lo que andaba por ahí medio desubicado, perdido y desorientado.

Porque en este sueño que es vivir, los soñantes ni siquiera sospechamos que pululamos dormidos, viviendo medio inconscientes o inconscientes completos. Los remezones tienden a despertarnos y a sacarnos de la somnolencia… aunque sea por breves instantes. Un destello de cordura basta para iluminar una vida entera y por lo general son tan potentes que iluminan más de una vida.

Lo malo está en que después de un tiempo el remezón tiende a olvidarse. Y el destello puede apagarse y con la oscuridad es probable que uno retome el sueño que estaba soñando antes del sobresalto. En esos casos, todo vuelve a ser como antes y la historia comienza de nuevo, igualita a como solía ser. Pero hay otros casos en los que el efecto del remezón dura para siempre. Es lo que sucede cuando uno se empeña en mantener la vigilia –cosa que no es fácil- y en cuidar que el candil no se apague. Al final, depende de que uno se lo tome en serio para que la vida sea como esos sueños lúcidos en los que el que sueña sabe que está soñando, y lo que es mejor, que puede soñar lo que él quiera.

El objetivo del remezón no es asustar, sino sólo remecer y reacomodar. Pero uno se asusta igual y el susto es lo que finalmente hace el milagro. Por eso los remezones son tan buenos, porque primero, además de despertarnos, nos ponen la piel de gallina y luego, esa misma piel se cae y muta y obligadamente se renueva.

Si la vida te ha regalado remezones, sabrás que depende de ti que valgan la pena. Sabrás también que con cada remezón se destraban algunos postigos, y por lo tanto, sabrás que el sol tendrá muchas más posibilidades de entrar a entibiarte el alma. Si la vida te ha regalado remezones, sabrás que de ahí en adelante el camino será más verdadero y sabrás también claramente cuáles son los errores que no volverás a cometer. Si la vida te ha regalado remezones, sabrás que al principio todo puede parecer duro, difícil e incluso muy triste, pero con el tiempo –quizá mucho tiempo- uno siempre termina entendiendo que ante un remezón lo único que puede hacer es… agradecer.