martes, 22 de octubre de 2013

El don del desatino


Ilustración: Paulina Gaete.
Para qué estamos con cosas. Ser desatinado es un don. Un regalo. Así como existe el don de la palabra, el don de la belleza, el don de la fe, el don de la inteligencia, el don de la clarividencia. Un don. Eso es el desatino.
Y tal como sucede con los grandes maestros del arte universal, el desatino cuenta también con elocuentes exponentes. Unos verdaderos Michelangelos de la falta de tino. Y resulta que a este pechito le ha tocado –no sé por qué curiosa razón - convivir e interactuar con la crème de la crème de esta estirpe. Yo conozco a los más capos en la materia. Es más… conozco al primus inter pares, al king of kings, al Usain Bolt del desatino: el desatinado que ha roto más records en el mundo, y que incluso, pongan atención,  ha sido capaz de batir una y otra vez su propia marca. Realmente notable.
No sería de muy buen gusto empezar a contar las célebres anécdotas de este singular personaje. Sobre todo porque este blog está en la world wide web y el referido podría reconocerse y sentirse conmigo. Por desatinada, obvio, porque nadie puede andar ventilando la vida de nadie sin su permiso. Además, muy desatinado será el personaje en cuestión… pero en el fondo es buena persona. Mucho mejor persona que yo, ciertamente. Entonces me voy a moderar un poco y voy a empezar a tratarlo con el respeto que se merece, porque bueno, no es fácil ser EL MEJOR en algo, y eso él claramente lo ha logrado con creces. No es mi caso, claro. Soy buena para algunas cosas, pero en nada soy la mejor. Y eso es algo que me pesa, en verdad. A veces pienso qué pena pasar por esta vida y no haber descollado en nada. Pero la inquietud se me pasa ligerito y sigo con el tranco de siempre no más. Mi mamá no estaría de acuerdo con lo que acabo de decir, primero porque, bueno, es mi mamá… y segundo, porque en verdad ella encuentra que soy tan macanuda… y debo confesarles que a veces, sólo a veces y cuando ando muy bajoneada, hago como que le creo.
Pero volvamos al tema de hoy y, como les decía, mejor dejemos la identidad de esta celebridad en el misterio y centrémonos más bien en el fenómeno del desatino. Un fenómeno que, déjenme decirles, se está esparciendo en el mundo como una pandemia. Y es curioso, porque no pasa lo mismo con otros dones como la inteligencia –que en verdad parece estar cada día más escaza- o con la fe o la belleza… Esos dones no son contagiosos. No se pegan. Este otro sí y pucha que se nota. No es un don que se pueda disimular, como la inteligencia, por ejemplo. Porque –no me vengan con cosas- sí se puede confundir un tonto con un inteligente  o un inteligente con un tonto ¿cierto? El desatinado, en cambio, no se confunde con nada. Salta a la vista. Se nota a la legua. Es tan destemplado en sus comentarios que siempre se revela a poco andar. Su naturaleza es más fuerte que él. No filtra, no retiene, no procesa, no mide consecuencias… sólo abre la boca y deja salir lo que tenga que salir: una palabra, una frase, un sonido gutural e incluso un eructo.
Desatinados, como señalé, hay muchos. Pero he escogido tres personajes que claramente muestran una mayor tendencia a manifestar este singular don con que fueron bendecidos al nacer…. Los procedo a enumerar y advierto que cualquier similitud con la vida real es sólo mera coincidencia:
1.       La suegra: Es el personaje con más probabilidades de cometer un desatino. No sólo porque efectivamente tiene talento para ello, sino porque, querámoslo o no, todo lo que ella diga o haga será escrutado con minuciosidad quirúrgica por parte de su yerno o nuera. Un ejemplo de antología es la suegra que para el matrimonio de su hijo decidió que su vestido de madrina sería nada más y nada menos que de color blanco. Absolutamente desatinada, pues. Eso no se hace.
2.       La abuelita: Mientras más anciana la señora, más propensa a cometer algún desatino. Como sucedió cuando a mi propia abuela le presentamos a su bisnieta “Qué guagüita más liiiiinda… -dijo tiernamente la veterana- ¿A quién habrá salido?” Con mi marido nos miramos e igual que Condorito nos caímos para atrás… ¡Plop!
3.       El marido: Este ejemplar  generalmente confunde desatino con honestidad. Como le ocurrió a la hermana de mi mejor amiga, que sólo 5 días después de parir a su segunda hija, y habiendo quedado la pobre con 38 kilos de sobrepeso, salió del baño envuelta en una minúscula toalla para buscar la crema anti-estrías que se le había quedado en el closet. Su marido estaba tendido en la cama, haciendo lo que hacen los maridos cuando están tendidos en la cama: jugando con el celular y mirando “El precio de la historia” en el History Channel. Luego de tomar la crema anti-estrías, la hermana de mi mejor amiga volvió a entrar al baño, momento en el cual la toalla se le resbaló dejando al descubierto su voluminosa retaguardia… “¡Tremendo poto!” exclamó torpemente su cónyuge. Como para cachetearlo.
Finalmente quiero decirles, si alguien está libre de pecado que tire la primera piedra. Es verdad que ser desatinado es un don… pero a todos se nos ha arrancado la moto alguna vez. Nadie es tan medido y equilibrado como para no haber metido la pata nunca. A todos nos ha patinado alguna vez la catalina… a todos se nos ha soltado la cadena…  a todos se nos ha rayado el disco… a todos se nos ha enredado la cinta de la cassette… Se entiende la idea ¿no? Entonces en vez de apuntar con el dedo al desatinado de turno… querámoslo… porque a fin de cuentas, el mismo Papa Juan Pablo lo dijo… “el amor es más fuerte” y quién sabe, a lo mejor es sólo amor lo que se necesita para dejar de decir sandeces.  O para dejar de sufrir por ellas. Digo yo.