miércoles, 9 de octubre de 2013

Nada es lo que parece



Ilustración: Paulina Gaete.

Ayer les dieron el premio Nobel de Física a Peter Higgs y François Englert por sus trabajos teóricos de los años 60 sobre el "Bosón de Higgs" conocido más popularmente como "la Partícula de Dios". En verdad lo único que sé y que entiendo del bosón de Higgs, es que se trata de una partícula elemental que explica el origen de la masa y que su descubrimiento en el año 2012, confirmó la teoría dada a conocer por el físico inglés Higgs y paralelamente por el belga Englert.
Según el modelo estándar de la física cuántica, todo lo visible en el universo está compuesto por partículas elementales. Pero las partículas no son objetos materiales, son más bien fluctuaciones de energía e información. Y para que vayamos entendiendo de qué estamos hablando, les cuento que  lo visible constituye  sólo un 4% del Universo. Los bosones de Higgs podrían revelar de qué está compuesto el 96% restante del Universo, que aún permanece oscuro.

Sea como sea la cosa… ¿no les parece asombroso lo que acabo de contarles? Lo que nosotros vemos, en realidad es una ilusión. Parece sólido, pero no lo es. Deepak  Chopra lo explica muy bien: “si usted pudiese ver su cuerpo como es en realidad, vería un gran vacío en el que se encuentran puntos y manchas esparcidos y descargas eléctricas al azar. En realidad, el 99,999996% del cuerpo humano es espacio vacío. Y si pudiese entender de verdad el 0,000004% del cuerpo que parece materia sólida, comprendería que también es todo espacio vacío. Pero al mismo tiempo es inteligencia, esa calidad inmaterial de información que regula, construye, gobierna y se convierte en el cuerpo.”
La triquiñuela de este juego puede resumirse en una sola frase: “No podemos confiar del todo en nuestros sentidos”.  A veces la realidad parece ser de una forma, pero no siempre es como parece. Bueno, esto último no lo saqué de ningún libro de física... me lo enseñó mi abuelita que rebozaba de sentido común y harta razón que tenía la viejita, porque al final en la física moderna llegaron a la misma conclusión.

Es precisamente lo que sucedió con la primera gran revolución científica cuyo telón de fondo era el Renacimiento. Los sentidos hacían pensar que el Sol giraba en torno a la tierra… Era cosa de pararse en durante un día despejado en cualquier punto de la superficie terrestre y ver cómo lo que se movía era el Sol y no el planeta donde uno estaba ubicado. Pero, la verdad sea dicha, andábamos bien perdidos. La observación  que nos proporcionaban nuestros sentidos no era más que una ilusión. Lo mismo pasó con la idea de que la tierra era plana… Farso, farso… Menos mal que Colón algo pispaba y se mandó cambiar no más para ver con sus propios ojitos lo que había más allá del horizonte. El resto de la historia todos la conocemos.

Hoy en día, la ciencia nos está mostrando otra revolución, que tiene que ver con el desarrollo de la física cuántica y con descubrimientos tan asombrosos como los que escribí más arriba: de sólido y material este universo tiene bien poco. Casi nada, en verdad.  Y para hacerlo aún más difícil de digerir, nosotros no somos como actores de una obra de teatro, que existimos separadamente del escenario donde se desarrolla la acción… No, no, no… En esta puesta en escena del espacio-tiempo, nosotros como observadores no podemos separarnos de lo observado… la observación del observador es parte de lo observado. El observador no puede desentenderse de lo observado. Dicho en palabras de a centavo: el que mira, crea lo que está mirando. Crea su realidad.  
Es bizarro. Sí. Y me imagino que suena tan raro como cuando durante la primera mitad del siglo XVI se publicó la delirante teoría de un tal Nicolás Copérnico, que decía que la tierra giraba en torno al sol…  Y ahora nos parece tan de Perogrullo. Lo que son las cosas ¿No?