viernes, 11 de octubre de 2013

Los chilenos y sus leyes


Ilustración: Paulina Gaete.
 
Soy chilena y a mucha honra. Me gusta mi país. Lo quiero. Lo amo. Lo adoro. Me carga cuando los mismos chilenos empezamos a despotricar contra nuestra Patria. O lo que es peor, cuando empezamos a pelar a nuestros connacionales… Como si nosotros no fuéramos chilenos, sino de una raza superior… De adónde, pues. Detesto frases como “el pago de Chile”, o “estas cosas sólo pasan en Chile” o “chileno tenía que ser”… ¿Pero saben por qué me molestan tanto? Porque esas frases en el fondo, en el fondo… son la pura verdad. Me rindo ante la evidencia de los hechos. Lo digo con pena. Pero al mismo tiempo, lo digo con risa. Porque al fin y al cabo, mejor reírnos de nuestra propia tragedia. ¿Para qué nos vamos a hacer los tontos graves?
Y en esta curiosa singularidad de fenómenos que sólo ocurren en esta larga y angosta faja de tierra, quiero referirme específicamente a una serie de leyes, que aunque no están escritas, están plenamente vigentes en nuestro tricontinental  territorio nacional y, es más, me atrevería incluso a señalar que gozan de una mayor popularidad que las leyes tradicionales… Todos las conocemos y son ampliamente practicadas. Veamos:
La ley del mínimo esfuerzo: Es la ley estrella en este país. La que tiene más seguidores. Básicamente postula que sea lo que sea que haya que hacer, hay que hacerlo “al peo”. Suena feo, lo sé, pido disculpas. Claramente la coprolalia no es el estilo de este blog, pero es lejos la expresión más plenamente descriptiva de esta ley. Y estoy segura que todos la entendieron sin problemas. Ahora, debo advertirles, que a medida que avance el texto, la cosa se pone más coprolálica aún.
La ley del hielo: Es una ley muy cruel. Se les aplica a todos aquellos a quienes no consideramos dignos de nuestro saludo,  de nuestra conversación e incluso de nuestra mirada. Ya sea porque nos caen mal de presencia, o porque tuvimos algún encontrón con ellos, o porque les “tenemos mala” no más. La ley del hielo tiene dos versiones: la versión justa y la versión injusta. La versión justa es cuando nosotros le hacemos la ley del hielo a algún odioso personaje que desaprobamos. La versión injusta es cuando alguien nos hace la ley del hielo a nosotros  “que somos lo más buenos que hay”, que “olvídate cómo fui yo con ella/él”, que “nunca le hemos dicho un sí ni un no” y que “jamás nunca, never in the world, he tenido mala onda con nadie… lo juro”.
La ley de la selva:   Esta ley alude precisamente al estilo de vida que se practica en aquellos hábitat de vegetación exuberante, animales salvajes, bestias indomables, manadas incontrolables, hordas hambrientas y dispuestas a todo por lograr una sola meta: sobrevivir. ¿Les suena? Sí, es más o menos lo que sucede también en otro tipo de selvas como las de cemento, que se encuentran preferentemente en las grandes urbes del país. En dichos ecosistemas urbanos también se lucha para evitar la expiración. ¿Quién se beneficia de esta ley? El más fuerte, el más pillo, el más atropellador, el más pulento, el más chi-guá. Sin embargo, lo peculiar en el caso chileno, es que esta ley es practicada con ahínco y pundonor no sólo en la selva, sino por doquier… en el desierto, en el bosque, en la playa, en la llanura, en la pradera, en la pampa, en la depresión intermedia, en los valles transversales y en la cordillera de la costa.  
La ley  pareja: En otros países, la ley pareja no es dura. Pero fíjense, que de acuerdo a mis observaciones, en nuestro país el fenómeno se da absolutamente al revés. En Chile, la ley pareja es más dura que la cresta. Todos alegan, todos protestan, a nadie le gusta, nadie quiere pagar los platos rotos, nadie quiere hacerse responsable de sus actos, tanto los actos que cometen individualmente como los que cometen como grupo. ¿Resultado? Todos contra la ley. Por ejemplo, cuando castigan al curso completo porque en verdad los colegiales se han portado como las reverendas… queda la crujidera no más. Y lo peor es que los que crujen no son los alumnos castigados sino los padres de los angelitos. Pero como la ley es la ley. Y en este caso se trata de la ley pareja…  calleuque el loro no más.
La ley de Moraga: Esta es la que más me gusta. Es mi ley preferida. No sólo porque lleva el apellido de un personaje a quien yo detestaba con toda mi alma (ahora ya no porque el pobrecito se murió en agosto del año pasado), sino porque me fascina esa musicalidad que tiene cuando nombramos a esta ley y a su correspondiente slogan. Escuchen: “La ley de Moraga…  el que caga, caga”. Suena rico ¿no? Pura armonía. Bueno, el trasfondo de esta ordenanza señala más o menos que  si por ejemplo, van a construir el Metro en tu ciudad, todos los habitantes están felices menos los que cacharon que la línea del Subte va a pasar justo por el living de su casa… Según esta ley, esos tristes chilenos cagaron no más.  
Y lo peor es que no tienen a quién ir a alegarle tampoco, porque como les contaba, el señor Moraga murió el año pasado... mejor no les digo de qué.