miércoles, 10 de agosto de 2016

Realidad... ¿aumentada o disminuida?

“¿Mamá, esta de ahora es mi época?”, me preguntó el otro día mi hija menor. Sin entender bien, le pedí que me aclarara a qué se refería. “Es que –me explicó- siempre que tú dices  ‘en mi época’, hablas de cuando eras chica. Y como yo ahora soy chica, quiero saber si esta de ahora es mi época”. En mi mente apareció el emoticón de los ojos bien abiertos (😳). Ya saben, de tanto usar el whatsapp uno actualmente ha dejado de pensar con palabras y piensa (🤔), se emociona (😢), sufre (😩), se enoja (😡), sonríe (😊) y se carcajea (😂) con puras caritas amarillas. Atroz. Mis sentimientos -que siempre creí eran ricos en matices, florituras e incluso contradicciones- hoy no son más que una escueta caricatura con ictericia.

“Mamá… mamá… ¿Por qué te quedaste pegada y no me respondes?”. Mi hija me hizo salir de mi estupefacción. “Eeeh… perdón, sí claro que esta es tu época, mi amor, pero también es mi época. Cada época de la vida tiene su encanto”, le dije sonriendo no muy convencida. “Pero tú siempre pareces haberlo pasado mucho mejor cuando chica que ahora. Y además, siempre nos dices que ser chica en tu época era mucho más bacán que ser chica en esta época”. Mi hija siempre logra dejarme atrapada en callejones sin salida. “Y yo no entiendo por qué dices eso, mamá, si en tu época habían muchas menos cosas de las que hay hoy: no habían ni celulares, ni tablets, ni Netflix, ni Minecraft, ni PokemonGo”. “Eso es cierto –le respondí tratando de mantener mi dignidad- pero déjame decirte que habían tacitas y ollitas y trompos y jugábamos al luche y al elástico y también coleccionábamos servilletas de papel.” Mi hija me miró con cierta indulgencia: “Sin ofender, mamá, pero qué aburrido”, y antes que yo pudiera contra argumentar nada, añadió: “A propósito, mamita linda hermosa,  ¿me creas un perfil en Google para poder bajar la aplicación de PokemónGo? ¿Porfi, porfi porfi?”.

¡Habrase visto! Pareciera como si yo hubiese vivido mi infancia hace al menos tres glaciaciones atrás, porque en mi época yo salía a la calle a jugar con mis amigos y vecinos, personas de carne y hueso con sangre humana corriendo por sus venas. Hoy mis hijos salen a la calle ¡a cazar monstruos mutantes virtuales!

Sea como fuere, así están las cosas no más, aunque debo decir que me parece bien contradictorio esto de la tecnología. Porque por una parte se van haciendo cada vez más familiares conceptos como la realidad aumentada (incorporación de datos e información digital en un entorno real) y por otro lado, hay aspectos de mi realidad que parecen ir en franca decrepitud (yo ya no pienso en español, ¡pienso en emoticón!).


Como sea, el equilibrio parece ser una vez más la mejor receta para convivir tanto con la realidad aumentada de los pokemones como con la expresividad abreviada de los emoticones. Como decía mi abuelita en su propia época: “ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre, mijita”.