miércoles, 4 de marzo de 2015

Cumpleaños


Conozco mucha gente que está de cumpleaños durante el verano. Incluyéndome a mí. Cuando niña, mi sueño era irme a vivir a algún país del Hemisferio Norte, para que mi cumpleaños fuera en invierno. Y fantaseaba con la idea de que en alguna realidad boreal paralela, mis compañeros de curso me pudieran cantar el cumpleaños feliz en la sala de clases. Nunca sucedió, claro. Y el mundo siguió girando igual.
Es difícil congregar invitados cuando uno está de cumpleaños durante el verano. Hay momentos en que- cuando uno es chica-  eso importa. Después uno crece y se acostumbra y, francamente, da lo mismo, porque con el tiempo, uno va entendiendo que lo principal no es la cantidad de abrazos, de saludos o de regalos. Importa más si ese día uno se siente especial, si respira distinto, si desde el corazón honra la efeméride. 

Honrar la efeméride significa reconocer que el sólo hecho de estar de cumpleaños es ya un regalo. Un regalo que agrega el último año de tu vida al resto de los años que has vivido, conformando así tu historia e incluyéndolo todo: las glorias, las miserias, los fuegos artificiales, los descalabros, las muertes y las resurrecciones, porque todo te ha ayudado a ser quien eres y a llegar donde has llegado.
Hay un viejo chiste que dice “justo nací el día de mi cumpleaños”. La talla es más bien fome y además, en  inglés la ironía no funciona porque cumpleaños en inglés se dice “birthday”, que literalmente se traduce como “día de nacimiento”. Es que los idiomas español e inglés utilizan dos conceptos muy distintos para conmemorar la misma cosa: el momento en que llegamos a este mundo. El “birthday” apela a la razón más de fondo: nacer. El “cumpleaños”, en cambio, se queda con la contabilidad del suceso, o sea, con cuánto tiempo va pasando desde que ocurrió, con cuántos años le voy sumando a mi trayectoria.

En ese sentido, me gusta más el vocablo angloparlante porque al incorporar en su estructura la palabra “nacimiento” (“birth”), invita a hacer foco en ésa idea, la idea de abrir una nueva página y de resetearse, lo que me parece mil veces más atractivo que entenderlo sólo como un mero conteo de primaveras.
Estar de cumpleaños es la manera que tiene la vida de invitarte a empezar de nuevo y de  volver a nacer. Y te ofrenda con un año completo para que hagas y deshagas. Es bueno hacerse consciente de la dádiva y agradecer la oportunidad de renacimiento que te da. Así te haces más dueño de tu vida y más responsable de tu destino. Y eso siempre es una muy buena razón para celebrar.