viernes, 20 de marzo de 2015

El mensaje en la polera

Un día, hace poco, caminaba por una calle del centro de Antofagasta. Me encanta ir al centro. Siempre me entretengo mucho entrando a las distintas tiendas y curioseando en los puestos que hay en la vereda cerca del mercado. Es impresionante la cantidad de cosas inverosímiles que uno puede encontrar en el centro. Pero sin duda, lo que más me entretiene es mirar a la gente. Ver a las personas moverse, escucharlas conversar, tratar de adivinar si están contentas o tristes, si son felices… o no. Qué va a saber uno en realidad. Pero a partir de lo que veo extrapolo historias y me imagino vidas que nunca voy a comprobar si son verdad.

Como les contaba, caminaba por el centro, sumida en este interminable afán por escudriñar rostros, cuando de pronto, a una media distancia entre la multitud, veo caminando directo hacia mí a un hombre joven de contextura atlética. Caminaba lento, pero su paso era firme. Tenía puestos unos audífonos y me imaginé que iba escuchando una canción de amor. Inventé que la canción sería de Ricardo Arjona. Sé que a muchos no les gusta Ricardo Arjona, pero a mí me gusta. Me gustan sus canciones y me gusta el timbre de su voz.  “Este cabro está enamorado”, pensé. A medida que el joven se acercaba, empecé a fijarme en la singular polera que usaba y poco a poco (soy corta de vista) comencé a revelar el mensaje que en ella se leía. La polera era azul oscuro y en la parte delantera y escrita con letras de distintos colores decía: “Sé amable, todos los que ves están dando su propia lucha”.

Me quedé paralizada. Cuando el joven enamorado pasó por mi lado, no pude resistir darme vuelta. Mi asombro fue incluso mayor cuando leí que en su espalda la polera decía “Sí… este mensaje es para ti”. Seguí caminando medio aturdida por la experiencia. Esto no era una simple coincidencia. “Al fin y al cabo -pensé- ¿Qué posibilidad hay de que al azar se hubiese concatenado la siguiente bizarra secuencia de hechos: que a alguien se le haya ocurrido acuñar semejante frase, que esa frase haya sido impresa en una polera, que esa polera la haya adquirido un cierto personaje, que ese cierto personaje haya decidido usar esa polera precisamente ese día en el que iba a caminar por el centro de Antofagasta, específicamente por esa calle y exactamente a esa hora… justo en el momento en que yo iba pasando por ahí?” Nada es casualidad. La historia es real y me sucedió hace un par de semanas. Gracias a esa simple frase en la polera, se me abrió una nueva dimensión de entendimiento hacia las personas que me rodean.  


La vida está llena de mensajes. No siempre los vemos. Conviene estar atentos... puede ser muy inspirador.