lunes, 12 de agosto de 2013

El poder de los introvertidos


Ilustración: Paulina Gaete
 
Hace no mucho tiempo, en un país extranjero de habla inglesa tuve un encuentro se esos que te marcan. Estaba paseando por una famosísima tienda de supermercado que se jacta de tener precios bajos “siempre”, cuando me tocó pasar con mi carrito atiborrado de “Non Food” por la sección de los libros. Debo aclarar que particularmente en mi caso, las grandes esperanzas que tengo cuando voy al supermercado tienen que ver más bien con que las lechugas orgánicas estén frescas y con que haya una buena promoción de detergentes…  Porque, honestamente, no guardo ningún tipo de expectativa con respecto a efectuar algún hallazgo literario de cierta relevancia.
Sin embargo - y como ya se ha hecho habitual en mi experiencia- la vida siempre se encargado de abofetear mi prejuiciosa pseudo-sabiduría con sólidos desmentidos. Resulta que allí, refulgiendo en medio de una banal góndola de supermercado encontré una verdadera joya de libro: “Quiet” de Susan Cain, con un subtítulo que traducido reza más o menos así: “El poder de los introvertidos en un mundo que no puede parar de hablar”.

Me acordé de tantas personas que conozco que son así pa’dentro, como se dice vulgarmente. Me acordé de mi misma, cuando hace mucho, mucho tiempo solía ser así… Lamentablemente ahora es la verborrea la que me comanda. Y digo lamentablemente porque luego de leer este bestseller del New York Times, en verdad que me dieron ganas de “cerrar el pico” de por vida y dejar de pensar en voz alta de una buena vez.  Pero en mi caso ya es tarde, estoy vieja, mañosa y hablar me ayuda a no subir de peso porque me mantiene la boca ocupada con ideas en vez de chocolate.
Y entonces decidí que ésa sería mi bandera de lucha: abogar por la reivindicación de los introvertidos. “¡Qué vivan los callados!” “¡Hurra por los que piensan antes de hablar!” “¡Bravo por los que hacen y no por los que sólo se quedan en el bla bla!”… ¿Quién dijo que teníamos que ser todos extrovertidos? El mundo sería un agote, con puros floreritos interrumpiéndose unos a otros debido a su incontinencia verbal. ¿Por qué cuando estás en el colegio –sobre todo en los colegios de ahora- es tan sobre valorado el  ser comunicativo? Y entiéndanme bien. No estoy en contra que se valore… sino que se sobre valore.

Porque en esta historia… en esta triste historia, diría yo, a aquellos desafortunados alumnos con escaso talento para la cháchara… “que Dios los pille confesados”.  He sido testigo de cómo algunos profesores tratan a los introvertidos como personalidades de segunda clase y son capaces de escandalizarse porque a un niño le “gusta el silencio y se molesta cuando su compañero de banco habla hasta por los codos”… “No es normal”, me han dicho… “además, él es taaaaan silenciosamente callado”, agregan como si estuvieran hablando de una enfermedad contagiosa e incurable.
Y yo repito aquí lo que le dije aquella vez a esa singular maestra que tuvo la tupé de decirme lo que acabo de transcribir: “Con todo respeto, Señorita… No lo estrese, estimúlelo; no lo condene, valídelo; no le tenga pena, valórelo. Celébrele su capacidad de reflexión; aprenda de su habilidad de introspección; elogie su mesura; respete su individualidad; ayúdelo a ser la mejor versión de sí mismo… y ¡Nunca! ¡Nunca! lo subestime”.

No niego aquí que las habilidades sociales deben desarrollarse… pero eso no significa que la introversión deba considerarse como un “defecto” que necesita “curarse”. Para nada. Nuestro mundo necesita de todo: extrovertidos e introvertidos, pero tal como dice Susan Cain en su libro “Quiet”, tan a menudo cometemos el error de abrazar el ideal de la extroversión como si fuera el único camino. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de cómo grandes ideas, espectaculares obras de arte e invenciones revolucionarias,  provinieron de personas calladas e introvertidas que supieron sintonizar con sus mundos internos encontrando allí grandes tesoros: Sir Isaac Newton; Albert Einstein; Frédéric Chopin; Marcel Proust; Goerge Orwell; Theodor Geisel (Dr. Seuss), Charles Schulz; Steven Spielberg, Larry Page y J.K. Rowling, entre otros.
Los dejo con una hermosa cita de Anaïs Nin: “Nuestra cultura ha hecho que sea una virtud vivir de manera extrovertida. Desincentivamos los viajes introspectivos y la búsqueda de un centro interno... Hemos perdido nuestro centro y debemos encontrarlo nuevamente”.