jueves, 22 de agosto de 2013

Todas íbamos a ser reinas


Ilustración: Paulina Gaete.
 
Todas íbamos a ser reinas/de cuatro reinos sobre el mar/Rosalía con Efigenia/y Lucila con Soledad. Lo decíamos embriagadas/y lo tuvimos por verdad/que seríamos todas reinas/ y llegaríamos al mar. (Gabriela Mistral).
¿Qué nos queda de lo que a los siete años pensábamos que íbamos a ser?  Cuántos caminos hemos andado. Cuántas vueltas hemos dado. Cuántos capítulos hemos cerrado y cuántos de los mismos hemos inaugurado. Cuántos sueños que se quedaron estancados, cuántos otros que pudieron volar. Cuántas canciones hemos cantado, cuantas más que quedaron por entonar. Cuánto de lo que soy ahora se lo debo a esa niña de hace rato. A las rondas que bailé, a los juegos que jugué, a los rezos que aprendí a rezar, a las reglas que me enseñaron a respetar.

Cuántos momentos aparentemente perdidos en verdad nunca los he podido olvidar, pues aunque la memoria es frágil ellos han sabido esconderse en los pliegues de la conciencia. Y allí están agazapados, silenciosos, moviendo los hilos desde la profundidad. Están las risas, las cosquillas, las penas, las rabietas, las vergüenzas, los honores, los talentos, los errores. Todo está guardado en ese cajón infinito, que a veces durante las noches, cuando me duermo bien profundo se abre despacio y me muestra cosas. Y allí veo a mi mamá, cosiendo en su eterna máquina de coser mi vestido de hada con margaritas y estrellas doradas; aparece también el columpio que teníamos en el garaje y las plantitas que me gustaba regar. Aparece la pena negra que me daba la vecina en silla de ruedas y la alegría infinita que sentía cuando podía hablar en inglés.
Y entonces ahora que estoy más grande –mucho mejor que decir que estoy más vieja- me pregunto sin hallar respuesta… ¿Por qué pasa todo tan rápido? ¿Por qué cuando las olas revientan ya nunca más vuelven a reventar? ¿Por qué los prados de la infancia parecen más verdes de lo que ningún prado volverá a parecer  jamás? ¿Por qué al final de cada día lo que verdaderamente cuenta no es lo que has logrado sino lo que has sembrado? Porque la siembra da una flor y esa flor da sus frutos y son esos los que mañana o en un mes, o en un año o en cien, vamos a cosechar.

En la tierra seremos reinas/y de verídico reinar/ y siendo grandes nuestros reinos/ llegaremos todas al mar. (Gabriela Mistral)