martes, 13 de agosto de 2013

Sincronía


 
Desde hace casi un año, recibo todos los días en la bandeja de entrada de mi Outlook las “Notes from the Universe” (Notas del Universo), escritas por Mike Dooley (si quieren saber más pueden ir a www.tut.com ). Se trata de breves mensajes que se supone te envía el universo en los que te recuerda quién eres, que no estás solo y por qué estás donde estás. Son frases simples, directas, divertidas e increíblemente sincrónicas.  Es asombroso cómo invariablemente esas palabras me dicen lo que justo necesitaba escuchar en ese momento. Y esto no sólo me pasa a mí… Interactuando con algunos miembros de la comunidad que sigue a Mike y que regularmente reciben estos  mensajes, me he dado cuenta que el fenómeno de la sincronía a través de las “Notes from the Universe” es algo habitualmente experimentado por varios de ellos.
La sincronía es esa sensación similar a la que experimentamos cuando estamos armando un rompecabezas de 1500 piezas y justo tomamos –entre las cientos de piezas esparcidas por ahí- la que calza precisa y perfectamente en el espacio que queríamos llenar. Y entonces aullamos de gozo, de placer, de alegría y también de incredulidad.

Sucede que habitualmente experimentamos la sincronía como si fuera una coincidencia al azar, una bendición que cayó del cielo, un milagro venido del más allá, una especie de manifestación mágica y esotérica de la vida. Algo que recibimos con los ojos bien abiertos y la mandíbula bien abajo, pero frente a lo que nos sentimos ajenos, al margen, convencidos de que efectivamente no hicimos nada para que ocurriera.
Bueno ¿quieren que les diga algo? Craso error pensar así. Porque en verdad, lo que yo creo es que estamos llenos, rodeados, sitiados y asediados por experiencias sincrónicas que nosotros mismos hemos creado para nosotros mismos. Lo que pasa es que no las vemos, no las reconocemos y lo que es mucho peor… ¡las negamos! Es lo mismo que sucede con esas viejas radio cassettes que tienen sucio el cabezal,  no pueden leer correctamente los códigos de la cinta magnética y por lo tanto ¡la música no puede sonar!

Hoy les digo en pleno uso de mis facultades mentales que nuestra vida es una sincronía. Una sincronía entera, perfecta, de principio a fin. Para empezar a reconocerla y disfrutarla como tal -y para definitivamente limpiar nuestro cabezal- hay un solo secreto: confiar.  
Confía en ti, en lo que quieres, en lo que crees, en lo que sientes. Confía en tu intuición, en tus corazonadas, en tus tincadas. Confía en que la vida que quieres tener es la vida que te mereces. Confía en que si ya sabes dónde quieres llegar, no tienes que preocuparte exageradamente en cómo hacerlo, no te adelantes tanto a la jugada, no quieras controlar todos los detalles. Confía, porque el camino se te mostrará sólo, las coincidencias estarán a la orden del día, te toparás con la persona indicada, vas a escuchar las palabras precisas, el despertador sonará justo a tiempo, el clima será perfecto y recibirás la llamada correcta.

Pero sobre todo, confía cuando parezca que las cosas salieron al revés, porque es en esos momentos cuando la sincronía hace su pega más ingrata… pero lejos la más valiosa.